Cuánto dieran estas dendritas vaciadas, tantos algoritmos ya no sirven para contar, los esfuerzos innumerables para sanar, raspones del alma a tu sombra arrastrada. Pitagoras asqueado: "no cuentes las heridas", ni los paños pordioseros de melodías, tus tétricas curas dan pasos en balde, con el gorgoteo hemático que te ungía. Una canción es una banda ajada, otra es un pañuelo roto y carcomido, Picasso pintaría esta obscena andanada, como la suerte de un cachorro raído. Sopranos superiores, nada amilanan, tantos cantos y tonos que en pie, como un castillo caribeño soportaban, las partes de un nuevo acontecer.

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