¿Quién osa perturbar mis campos,
invadir mi tranquilidad?
Se aproxima como un rayo de luz
y se planta desafiante con su lucero en la frente.
Cruza la frontera que nos separa.
Mira con esos ojos que parecen obsidianas
tan oscuras, tan misteriosas, como sin fondo;
reflejan la noche mar adentro.
.
No hay nada que le ofrezca la humanidad
huye de los halagos, de las migajas del hombre,
de su culto a la utilidad.
.
Se pierde en la mata de monte.
Polvo queda del aciago encuentro.

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