Aquella noche pálida
escapé siguiendo la luz de la luna.
No tenía más guía que mis ojos,
que mis pies
y mi torpe volundad que era mero impulso sin acción donde arribar.
.
Caminé dentro del bosque
y me perdí en la maraña.
A punto estaba de rendirme en las tinieblas
pero la luz oculta en un velo de nubes
traspasó los árboles,
me tocó la piel,
me besó los ojos,
y mis pies solos andaron siguiendo la tenue presencia,
delicada,
blanca,
tan delgada,
tan callada,
pero incesante.
.
Nunca más me abandonó ese brillo,
me susurró el camino;
me encontré de golpe en un campo abierto
vislumbrando los pasos,
intuyendo la senda.

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